sábado, 31 de diciembre de 2011

Memoria y deseo

Se termina el 2011 y este año que termina me encontró en el intento eterno de alcanzar nuevos desafíos.

Con ese espíritu me incorporé al colectivo que persiguió la misión de construir una renovación programática en la agenda política, convencidos que necesitamos una renovación de ideas y no una resurrección de paradigmas o momentos épicos, como finalmente los hechos nos dieron la razón.

Lo hicimos convencidos sabiendo que en nuestro país sobraban candidatos y faltaban lideres que apuesten por el futuro, con ideas y proyectos que se animen a dar una discusión profunda sobre como renovar el país, sea descentralizandolo, sea construyendo nuevos desafíos, pero con la convicción que no es necesario el rápido éxito ante semejante empresa.

Asumimos este compromiso de forma tal que no escatimamos esfuerzos personales algunos, en la sana convicción de construir una esperanza que nos saque de la necrología y conservadurismo histórico de quiénes insisten con creer que nada ha cambiado en la sociedad Argentina desde 1983.

Transitamos este camino siempre en forma silenciosa, así le dimos sentido a nuestra participación política junto a los indocumentados, junto a los colectivos sexuales, a los inmigrantes y en especial a los jovenes

En ese intento le pusimos nombre propio al deseo de apostar por nuevos liderazgos, no nostálgicos, en un momento bisagra para quienes habíamos crecido en tiempos donde el Radicalismo no podía construir nuevos liderazgos ni conformar un nuevo programa de Nación, inmerso como estaba en la necesidad de reivindicar la obra de Raúl Alfonsín.

Las derrotas, cuando tienen aprendizaje, no son una pérdida. Y sinceramente creo que nosotros apostamos por un líder y nos topamos con un candidato.

El líder apuesta al tiempo, cree en sus ideas y no teme a los obstáculos. Nuestra derrota es de un aprendizaje fenomenal ya que nos hemos dado cuenta que tal vez el líder sea uno de nosotros, alguno de mi generación, quién sienta en carne propia que es el futuro el mayor desafío, ya que deseamos que Argentina siga creciendo en la próxima década a las mismas tasas que en los últimos años y que duplique su ingreso per cápita. 

Que nuestro país necesita desarrollo, expansión e inserción en el mundo, descabezar la cabeza de Goliat que es el GBA, que necesita una matriz de energías renovables, que necesita una dieta que contemple calidad y cuidado de la naturaleza, que requiere de una política de incentivo a la natalidad

Crecimos junto a los colaboradores más cercanos de Raúl Alfonsín, aprendimos de ellos sus aciertos y sus errores, pero comprendemos que nuestros desafíos y nuestros paradigmas son propios de nuestra epoca, por eso creímos necesario comenzar un camino donde podamos hacer oír nuestras ideas.

Somos ciudadanos del mundo, por eso tenemos conciencia de la importancia relativa de nuestro país en el planeta, no creemos en la excepcionalidad Argentina y entendemos la necesidad de pensar nuestra Nación en el marco de las tendencias globales.

Somos sensibles con los que sufren, tenemos el conocimiento y la fortaleza necesaria para vencer las adversidades y nunca tomamos la política como un fin, siempre la consideramos un medio para lograr alcanzar el ideal de una sociedad de iguales. 

Estamos ante la primera renovación dirigencial en un periodo estable en Argentina y ese es el signo de esta época que pocos comprenden.

Todos los procesos de renovación se conformaban en procesos post dictadura. En el año 83, Nicolas Kasanzew, Gómez Fuente o Cacho Fontana, se iban de la televisión no por viejos sino porque fueron la cara visible de una época que la sociedad quería cambiar, ese proceso se daba habitualmente post dictaduras.

En este momento, ese proceso se está dando en un periodo estable y eso expresaron las urnas.

La presidenta tiene la sartén por el mango porque ha renovado al peronismo,una fuerza conservadora y tradicionalista, y produciendo una renovación épica e ideológica basada en el pasado que ha impactado muchísimo en el resto del arco dirigencial de la Argentina que carece de una agenda para el Siglo XXI.

Sigo convencido que es el radicalismo quién tiene que estar construyendo la agenda de desarrollo y de futuro en el país, pero más certeza tengo sobre que ello no se hace con un proceso internista.

Se hace afuera, en la calle, donde nosotros estamos trabajando.

Ese es el camino indicado, no la resurrección o la nostalgia necrológica a la cual nos quieren llevar los que conducen el Comité de la Insignificancia

Hay que gestar un nuevo paradigma, ese es nuestro deseo. Trabajamos para ello, podemos, queremos y sabemos. Vamos a lograrlo.

1 comentario:

Matías E. Manoukian dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.